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Dióxido de Cloro: Salvavidas para el COVID

Desde que estalló la crisis internacional del Coronavirus, la humanidad ha buscado incansablemente una cura para la enfermedad. En el camino, se ha intentado de todo, desde prototipos de vacunas, inyecciones para mejorar el sistema inmune, hasta un alocado tratamiento que incluye beber cloro.

En esta entrada, no pretendo motivar a las personas a buscar el blanqueador o cloro de casa más cercano y que inicien a consumirlo, pues puede ser altamente dañino. Mi intención, más bien, es comentarles mi historia con el Dióxido de Cloro en el tratamiento del COVID-19.

Mi papá enfermó

Todo comenzó hace como mes y medio, a finales de junio. Mi papá, después de haberse tomado una copa mientras veía un concierto desde casa, comenzó con un dolor de cabeza un tanto fuerte. Dada la emoción que tenía por ver a una de sus bandas favoritas, decidió no prestarle mucha atención y continuar como si nada.

Esto sucedió un sábado, lo recuerdo bien. A la mañana siguiente, es decir, el domingo; los síntomas habían empeorado. Ya no sólo era el malestar en la cabeza, sino comenzó el dolor de cuerpo, molestias detrás de los ojos y la calentura.

Al ver esto, el pánico en la familia no tardó en hacerse presente. Tanto mi madre como yo, comenzamos a temer por su vida y, aunque suene egoísta, por las de nosotros también.

Llegó el lunes y nuestra primera acción fue contactar con un médico amigo de la familia quien, al escuchar la situación, llegó como un rayo. Tan pronto vio a mi papá, confirmo nuestro más grande temor – Es COVID -. Justo en ese momento mi madre rompió en llanto pensando que éste sería el final de todo.

Tras recibir unas palabras tranquilizadoras del doctor, nos prescribió unas inyecciones para elevar las defensas y unos medicamentos para mi papá. Después, nos comentó que era probable que mi mamá y yo desarrollemos levemente los síntomas en las próximas horas.

Casi como si fuera una pitonisa de la Antigua Grecia, el doctor acertó en lo dicho. Unas 12 horas más tarde, todos en casa presentábamos dificultadas respiratorias.

Este hecho, lejos de ayudar a nuestros nervios, únicamente logró que todos entráramos en un estado de estrés prolongado y sostenido por más o menos unas semana. Al pasar el tiempo, las complicaciones se fuero agudizando, a tal grado que la medicina convencional no parecía suficiente para controlar la enfermedad.

El dióxido de cloro una salvación

Al finalizar la primera semana y no ver mejoría alguna, decidimos que era hora de llamar a la caballería pesada. Hace algunos años, concimos a una doctora homeópata quién era famosa por sus tratamientos revolucionarios basados en terapia neural.

Tras una breve llamada con ella, nos comentó de esta maravilla de la medicina, “el dióxido de cloro”. Éste químico menospreciado, ha sido prescrito para curar diversas enfermedades causadas por parásitos, virus y bacterias, entre otras.

La doctora, cuyo nombre por seguridad mantendré anónimo, nos comentó que el dióxido de cloro había otorgado resultados espectaculares en un hospital en Bolivia. Dicho centro médico afrontaba una carencia de medicamentos convencionales para el tratamiento del COVID-19 y, al contar únicamente con este químico, decidieron utilizarlo. El resultado fue que la mayoría de los pacientes salieron bien librados de la enfermedad.

Comienza el tratamiento

Pueden llamarlo sugestión o casualidad, pero tan pronto comenzamos a beber el dióxido de cloro, “respiramos”. Es decir, la dificultad para respirar se redujo considerablemente, a tal grado que un par de días más tarde, parecía que el virus nunca tocó a nuestra puerta.

He de ser sincero y decir que al principio era un incrédulo en cuanto a beber cloro. Me parecía una locura, pues pensaba que dicho químico era el blanqueador de ropa rebajado con agua. Al final, huele a lo mismo. Sin embargo; después de ver sus efectos y eficacia, me he vuelto un firme creyente en que es una alternativa formidable y económica para el tratamiento de esta enfermedad.

No tengo argumentos para refutar las tendencias mediáticas sobre el uso del dióxido de cloro, pero lo que sí puedo hacer es convertir mi historia en un testimonio que pueda ayudar a otra familia a salir adelante de esta terrible experiencia.

Lo digo con orgullo… “Soy un sobreviviente de COVID gracias al dioxido de cloro”.

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